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Estas cosas pasan

domingo, 12 de octubre de 2008

7 comentarios
Algunas veces, me han contado o simplemente lo he leído en alguna parte, que hay personas que lo dejan todo para alcanzar otras metas en las que sentirse más realizado. La historia del famoso video-juego de Mario es un buen ejemplo, hay muchísimos más ejemplos no enfocados en el amor pero he encontrado un paralelismo en este juego que creo os hará sonreír.

Se puede dejar todo por amor, al igual que se puede dejar la ciudad e irse a vivir al campo comiendo de lo que eres capaz de producir por ti mismo, o haber estudiado para cualquier ingeniería o licenciatura y terminar rodeado de fogones en un restaurante, tenemos un ejemplo no muy lejos de Mataró de un médico cardiólogo, creo esa era su especialidad, que lo dejo todo por su “amor” a los fogones, o simplemente coger un año sabático para dedicarte a cosas que siempre te han gustado y no puedes esperara a la jubilación para realizarlas.

Muy pocos, eso creo y es una lástima ya que la inquietud constante por hacerte preguntas, quien soy, que hago aquí, que quiero conseguir etc,etc son cosa que el ser humano debería preguntarse más veces, después de dejarlo todo consiguen lo que “especularon”, lo que se dice coloquialmente pajas mentales, perdón, o estaban buscando algo y lo encontraron.

Mario, el del juego, lo dejo todo, su carpintería y vida anterior para rescatar a la princesa que fue secuestrada por un malvado, ¿pero que paso una vez la rescato?, se supone que el juego, no tengo ni idea ya que lo de los juegos no es lo mío, que alguna vez la rescato de las garras del secuestrador .Hubo feeling y termino en boda. La princesa se fue con Mario o se quedo con el secuestrador, lo del síndrome de Estocolmo también puede pasar en un video-juego, o simplemente dio calabazas a Mario y marchó en busca de su príncipe azul. Seth MacFarlane, pensó que a lo mejor la historia no terminaba como todos presuponíamos y la cosa no terminoóen boda precisamente, como decía en el titulo, estas cosas pasan más de las que creemos.




La moraleja que yo saco es que la obsesión por perseguir una cosa no siempre acaba como se planeó en un principio y al final te la tienes que envainar, perdón otra vez. Eso en algunos casos, en otros la cosa sale que ni bordada.